Sociedad

Jaque estructural: cuáles son las propuestas innovadoras para mejorar la educación

Axel Rivas, codirector del Programa de Educación de CIPPEC, profundizó sobre cómo se debe cambiar la educación mediante innovaciones integrales para generar pasión por el aprendizaje. Una reflexión sobre el sistema educativo tradicional y las renovaciones que imperan

Por alguna razón, el Profe Córdoba llama a sus alumnos “la especie traidora”. Un alumno construyó el apodo. Sus padres, preocupados, le preguntaron al docente por qué su hijo se había sacado 10 en matemática y en física si en el resto de las materias había desaprobado. Córdoba extendió la consulta a su alumno: “Pasa que yo en la escuela hago un papel. Soy el que molesta a los demás. Y acá, cuando vengo acá, soy una especie traidora, una especia traidora de mi papel. Acá hago lo que a mí me gusta hacer”. El Profe Córdoba es el ejemplo que Axel Rivas eligió contar como inspiración educativa.

Córdoba, profesor de universidad y de escuela pública, empezó hace 25 años con un taller de física los sábados a la mañana: preparaba alumnos para olimpiadas de física o para rendir exámenes de ingreso a universidades. Hoy Salta es la provincia que más ingresantes tiene en el Instituto Balseiro de Bariloche y distribuyó jóvenes que están haciendo posdoctorados en física en el mundo. El taller tiene sus 300 pupitres ocupados y alumnos en lista de espera. “Basta de física, basta”, les dice a los estudiantes después de una jornada que se extiende desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la noche. Él se considera un hacker del sistema educativo.

“Creo que hay mucho de eso. Hizo un taller de física al alcance de todos, lleno de preguntas, de desafíos, de problemas cotidianos. Fue construyendo algo que empezó a tener mucho sentido para sus alumnos. Más allá de la historia de un profesor inspirador, la idea es encontrar más puertas hacia el aprendizaje de los alumnos. Tenemos que habilitar la idea de que pueden ser sujetos de aprendizaje y no sólo el objeto de algo que se vuelca sobre ellos”, describió Axel Rivas, codirector del Programa de Educación de Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) y autor del libro Cambio e innovacón educativa: las cuestiones cruciales, un documento que presentará en el XII Foro Latinoamericano de Educación.

Para Rivas, Córdoba es un caso que sintetiza una idea. Invita a pensar otro tipo de educación: cambiarla, innovarla. Y sustenta su teoría bajo el principio de la innovación, en su acepción más integral y etimológica: la acción de innovar, de cambiar cosas con cosas nuevas, privada de cualquier suministro moderno que quiera adosarle un intervencionismo tecnológico. Habla de la innovación en el plano educativo: como un instrumento de cambio. “La innovación debe ser un concepto práctico, utilizable, para la acción, un concepto anclado en una idea del ‘¿para qué?’, una definición que es parte de una construcción en movimiento. El ‘¿para qué?’ de los sistemas educativos es una pregunta abierta. Pero esa pregunta necesita más respuestas. Y sobre todo un eje central que es distinto al tradicional. Ese eje central uno lo podría agrupar en torno a la idea de que la escuela tiene que producir capacidades para actuar, generar en los alumnos la motivación y el deseo de aprender. ¿Cómo una institución genera voluntad de aprender, de profundizar en el conocimiento? Bueno, el sistema educativo tradicional no fue diseñado para eso: fue diseñado para repetir, para mantener una dominación cultural”, definió.

Rivas critica al sistema tradicional educativo: dice que si produjese pasión por el aprendizaje, si hallara el sentido del aprendizaje no buscaría innovar, sino conservar. Pero no. “Ese sistema educativo tradicional tiene una serie de dispositivos, normas, regulaciones, pedagogías que se basan mucho en la homogeneización, en la repetición, en la imposición, en el aprendizaje por temor, por obligación -‘no sé para qué me sirve pero lo tengo que hacer’-. Ese es el anclaje central de la idea de innovación”, consolidó. Su visión propone construir un sistema educativo idóneo para formar jóvenes que egresen con capacidades para convertir al conocimiento en una fuente de transformación. Y basa su ejercicio en la escuela secundaria. “Es el núcleo más difícil del sistema educativo y necesita una visión transformadora porque tiene una herencia vinculada a la homogeneización y porque genera mucha exclusión educativa”, calificó y agregó que “es un sistema diseñado para selección social, para la gobernabilidad”.

Rivas fomenta la profundización del aprendizaje mediante el deseo, el interés y la voluntad, condiciones que no se destacan en el actual sistema educativo (iStock)
Rivas fomenta la profundización del aprendizaje mediante el deseo, el interés y la voluntad, condiciones que no se destacan en el actual sistema educativo (iStock)

En una charla organizada por Fundación Santillana y como preludio del foro que se realizará el 26 y 27 de junio en el Centro Cultural de la Ciencia, el Doctor en Ciencias Sociales y licenciado en Ciencias de la Comunicación aplicó un freno al desdén por innovar en términos educativos. Dijo que una rutina se reemplaza con otra rutina, que los nuevos enfoques deben ser sostenibles, que la innovación puede fracasar y ser primero una ilusión y después una desilusión: “No hay que salir del sistema. Hay que pensar en la innovación como un concepto practicable. No hay que cambiarlo todo, hay que aprovechar muchas de las fortalezas del sistema educativo actual”. Su búsqueda se centra en el deseo de trazar un puente entre el presente y el futuro, entre las tradiciones y las innovaciones.

Clasifica a la innovación educativa en tres pilares fundamentales: la innovación como disposición, la visión científica y la visión de justicia. Devuelve la innovación a su definición más genuina. Invita a reflexionar que la innovación debe ser una disposición y no un suceso, no la invención de un creativo que altera el orden de las cosas: “Sino la innovación de alguien que se hace una pregunta muy simple y poderosa: ¿qué funciona y qué no?”. Una pregunta que se constituye en el orden de las disposiciones y no en el talento de inventar una nueva pedagogía.

A su vez, desestima las trampas y las modas de la innovación: exige que acredite un fuerte acervo científico. “Hay muchos riesgos en la innovación de experimentar con personas, alumnos. Por eso es necesario saber de dónde proviene, qué validez tiene, qué pruebas y evidencias, quiénes lo han implementado y en qué contexto”, adujo. Y completó que la innovación debe estar motorizada por una visión de justicia social. “Cuando uno observa la desigualdad, la injusticia de los alumnos tiene que hacerse la pregunta ‘¿cómo se puede hacer de otra manera?, ¿qué se puede hacer distinto para cambiar esa situación?’. La indignación nos produce preguntas y nuevos caminos. No nos conformamos, no soportamos lo que vemos: entonces innovamos”.

Especificó, también, qué innovaciones sugiere estimular. Priorizó las creencias como primer factor habilitador de cambios: creencia en la justicia y en el potencial de cada alumno. “La mayor potencia de la innovación viene de las creencias, las creencias de los docentes de que sus alumnos son capaces de aprender, de que sus alumnos son pura energía. Sin eso, la posibilidad de innovación es limitada”, explicó. Y luego advirtió la necesidad de la traducción: “Los docentes, las escuelas y las políticas educativas tiene que ser capaz de traducir lo que hay que enseñar hacia el sentido de por qué vale la pena enseñarlo. Históricamente estuvimos anclados en que había que enseñar algo porque era obligatorio o porque estaba en el programa curricular. Y nos olvidamos el sentido. Cuando un alumno nos pregunta ‘para qué me sirve aprender ésto’, solemos decir ‘ya lo verás'”. Prefiere reemplazar lo consabido, lo acordado con criterios más analíticos: indagación, curiosidad, búsqueda, desafío, exploración, misterio, interés.

“El núcleo de la idea de repensar esa escuela tradicional tiene que ver con que la pedagogía debe responder esa pregunta preventivamente. No tiene que esperar a que la pregunta surja. Es en la propia práctica pedagógica que uno está buscando el sentido. Y eso implica empezar siempre por una pregunta, por conquistar el sentido de lo que se va a aprender. En vez de construir la exposición, es necesario construir el misterio de por qué vale la pena aprenderlo”, propuso. Y en combinación con las creencias y la traducción, el sentido de la experiencia real es otro núcleo donde la innovación prospera. Su ejemplo pretende graficar cómo la natación es también la ciencia, la matemática y la literatura: “Hay que construir experiencias de aprendizaje, no solamente la visión abstracta. ¿Se puede aprender a nadar teóricamente? Sí, me pueden enseñar las brazadas, puedo recitar perfectamente en un examen cómo nadar crol, pero eso no me hará nadar bien. Así es la ciencia, la matemática, la literatura”.

 

Fuente: http://mapanet.com.ar/wp-admin/post-new.php

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