Bicentenario

La histórica cábala de los años 16

El destino de la Argentina parece estar cifrado en los años 16 de cada siglo. En 1816 nació el Estado y en 1916 la democracia.

Por: Rodolfo Terragno*

 

El destino de la Argentina parece estar cifrado en los años 16 de cada siglo. En 1816 nació el Estado y en 1916 la democracia.
Ahora, después de varios años de desencuentros y rezagos, 2016 tiene que ser el año refundacional. El Estado democrático debe impulsar un desarrollo económico y social que habilite a la Argentina para entrar al círculo de las grandes naciones. Hoy es 50ª, en la tabla de países medidos por su producto bruto per cápita; 40ª en las que los ordenan por su desarrollo humano; y 60ª (de 65) en las que clasifican la calidad de la educación.
No faltará quien sostenga que, dado el contexto actual y las divisiones políticas, elevar a la Argentina al nivel de los países más grandes es una aventura inviable.
En verdad, el contexto no es un obstáculo, si se lo compara con el de 1816 o 1916. Las confrontaciones políticas, a su vez, hoy son retóricas; en aquellos tiempos eran sangrientas.
El contexto en 1816. La corona española se disponía a recuperar Hispanoamérica. Pablo Morillo, llegado al Caribe con 65 buques y 15.000 hombres, ya estaba en control de Venezuela y Nueva Granada. Si caía Perú, se desmoronaba la independencia de la región. La recuperación del Río de la Plata -una obsesión de Fernando VII- sería un paseo para las fuerzas restauradoras.
El coronel San Martín, recién ascendido a general aquel año, aún no había terminado de conformar el Ejército de los Andes que -con la renuencia de Buenos Aires- emprendería la titánica tarea de cruzar la cordillera e ir por mar al Perú, derrotando a toda fuerza realista que se cruzara en su camino.
Según el lugar común, podían hacerse grandes cosas porque había patriotas abnegados que, en vez de consumirse en “internas”, se unían solidarios para luchar contra los enemigos de la libertad.
Las luchas políticas en 1816. En verdad, los enfrentamientos eran feroces y solían derivar en tragedias. Santiago de Liniers, héroe de la Reconquista, fue fusilado por disposición de la Primera Junta. Mariano Moreno fue -según su hermano- envenenado por orden de Cornelio Saavedra. San Martín fue acusado de corrupto, asesino y traidor a la Patria. No hay epopeya sin odios.
El contexto en 1916. Ese año la Argentina tuvo, por primera vez, un presidente elegido libremente. Fue gracias a la ley de “voto universal, secreto y obligatorio”. Se acabó entonces el voto “cantado” y el voto “calificado”. Al derecho de votar sin restricciones se sumó el deber; nadie podría eximirse de votar y eso perfeccionaría la democracia: los pobres, que por desconocimiento o falta de hábito podían renunciar al voto, no podrían hacerlo. Y como los pobres son más que los ricos, tal obligación era una garantía contra gobiernos oligárquico elegidos. En los Estados Unidos no hubo voto universal hasta 1965, en Francia hasta 1944 y en Suiza hasta 1971.
En la Argentina subsistió una discriminación: se les siguió negando a las mujeres el derecho de votar. Es que aún no había llegado el tiempo de la igualdad de género. En los Estados Unidos no hubo voto femenino hasta 1920, en Francia hasta 1944 y en Suiza hasta 1971.
La irrupción de la democracia ocurrió cuando la Primera Guerra Mundial estaba en su auge y golpeaba a la economía argentina. Pronto estallaría en Rusia la Revolución de Octubre, que provocaría una conmoción en el mundo y aquí. El anarquismo declaraba huelgas generales y llevaba a cabo atentados terroristas. Las fuerzas policiales reprimían con impiedad. La Liga Patriótica se dedicaba a matar anarquistas y linchar judíos.
Las luchas políticas en 1916. El voto universal, obligatorio y secreto no se impuso por consenso. Fue el triunfo de una fuerza, la Unión Cívica Radical, que para eso había llegado a levantarse dos veces en armas. Sus héroes no eran parte de una hermandad sin conflictos internos. El partido había nacido de una división de la anterior Unión Cívica, que dejó de un lado a Alem y del otro a Mitre. Más tarde, Alem había roto con Hipólito Yrigoyen, a quien llamó “el pérfido traidor de mi sobrino Hipólito”.
El desafío de 2016. Ni el contexto ni las luchas políticas impidieron, hace 200 y 100 años, la transformación de la Argentina, que primero se hizo independiente y luego alumbró una genuina democracia. Cuando hay liderazgo, objetivos, decisión y la capacidad de movilizar a la población, lo imposible se hace posible.
La tarea a realizar hoy requiere metas y plazos. Es eso lo que asegurará la continuidad de los esfuerzos y la eficacia del proyecto. El desarrollo económico no es el mero crecimiento sino la formación de una estructura productiva compleja y equilibrada, que aumente la competitividad y dé lugar a un modelo exportador. Hace falta un fuerte impulso a la ciencia y la técnica. El estímulo a la inversión, el financiamiento de investigaciones por programas, el fortalecimiento de la ciencia básica, los premios a la innovación, una zona franca científica y parques científico-industriales son parte de una política indispensable para impulsar el desarrollo. La redistribución de ingreso, base del desarrollo social, debe hacerse mediante un reparto equitativo del ingreso ente el capital y el trabajo; no a través de subsidios que maquillan la pobreza y resienten la productividad.
La educación demanda, a su vez, un cambio de los valores que hoy priman en la sociedad. La exigencia, la disciplina, el esfuerzo, la constancia, las calificaciones y los exámenes son irrenunciables. La desigualdad social se combate con becas, no con relajaciones. Fue en base a estos principios que países hasta hace poco pobres en educación hoy ocupan los cinco primeros puestos en el ranking mundial de calidad educativa: Shangai (China), Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur.
Como embajador argentino ante la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) tendré la oportunidad de conocer a fondo la experiencia de otros países y evaluar la aplicación en la Argentina de las enseñanzas que dejen los casos de éxito. Pero esto no será más que un aporte menor a la gigantesca política de desarrollo económico y social que debe encarar integralmente el Estado y la sociedad en la Argentina en 2016.

 

*Rodolfo Terragno es escritor y político.

 

Fuente: http://www.clarin.com/opinion/Bicentenario-1916-Desafios_2016-Unesco_0_1505849429.html

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