Adolescentes

Cómo acompañar a los chicos ante el peligro del ciberacoso

Consejos para los padres sobre la mejor forma de controlar lo que hacen sus hijos.

La paranoia no ayuda, de hecho la evidencia indica lo opuesto, que empeora las cosas. Los chicos se mueven por las redes sociales casi como si se tratara de su entorno natural. En muchísimos casos, quizás la mayoría, los chicos saben incluso más que sus padres sobre ese universo tan diverso que envuelve amistad y conocimiento con exhibicionismo y narcisismo, entre muchas otras cosas.

El aberrante crimen de Micaela Ortega, la nena de 12 años que conoció a su confeso asesino a través de Facebook, nos exige que estemos atentos a lo que hacen los chicos en esos lares casi prohibitivos para los adultos. Pero, ¿cómo?

La organización Espacio Seguro, orientada a la concientización y la seguridad informática, nos da algunos consejos.

En principio recomienda que la computadora del hogar se ubique en un lugar de paso frecuente, y nunca en espacios cerrados; y que los menores no den detalles privados (edad, domicilio, escuela, horarios) a personas desconocidas y, si es necesario brindar esos datos, que lo hagan siempre con la participación de un adulto.

«Es muy importante que los padres mantengan una conversación abierta y franca con sus hijos, les adviertan sobre los peligros a los que se exponen, y los acompañen durante sus primeros contactos en las redes sociales», señaló a la agencia Télam Pablo Romanos, ingeniero en Electrónica y fundador de Espacio Seguro.

Además, la ONG aconseja que los chicos tengan siempre presente la importancia de mantener privadas sus cuentas antes de subir contenidos en la web, así como evitar dar clic a cualquier enlace sin antes analizar de dónde o de quién proviene.

También es necesario:

1- Cambiar periódicamente las contraseñas y utilizar reglas nemotécnicas para recordarlas

2- Instalar un antivirus que esté siempre actualizado y un software de control parental.

3- Destruir físicamente documentos con información confidencial (resúmenes de cuenta, boletas de servicios, etc.), antes de arrojarlos a la basura, ya «que es una de las formas frecuentes de robo de identidad».

Sebastian del Prado, investigador en seguridad informática, le contó Télam que uno de los mayores riesgos a los que están expuestos los menores de edad en Internet es el ciberacoso sexual (o grooming, como se lo conoce en inglés), donde el delincuente usa una identidad falsa y se camufla como un chico para ganar su confianza.

«En muchos casos, los pedófilos se camuflan como un amigo en común en redes sociales y hablan de las cosas que los niños hablan, seduciéndolos con cosas que les gustan», explicó del Prado. «Argentina no está exenta de los casos de ciberacoso sexual», añadió del Prado.

Según explicó, los distintos organismos municipales, provinciales y nacionales suelen colaborar con entidades internacionales para desbaratar a los delincuentes en el país.

Ese es el caso del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires, que creó en noviembre de 2012 la primera Fiscalía Especializada en Delitos Informáticos del país, con competencia única en el caso; un año después, firmó un convenio con el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados (Ncmec), con sede en Estados Unidos.

El Ncmec es una organización sin fines de lucro que trabaja con organismos policiales, las familias y los profesionales que las asisten en temas relacionados con la desaparición y la explotación sexual de menores.

Esta organización obtuvo autorización para establecer la CyberTipline, un procedimiento que proporciona un mecanismo centralizado donde los proveedores de servicios de Internet informan sobre actividades sospechosas relacionadas con la explotación sexual de los niños, informaron fuentes de la Fiscalía a Télam.

Desde 1998, CyberTipline ha recibido más de 2,3 millones de denuncias sobre la supuesta explotación sexual de menores.

El «groomer», explicaron desde la Fiscalía, intenta contactar vía Internet a menores bajo una falsa identidad para obligarlos a desnudarse o y sacarse fotos o grabar videos y enviárselos.

Generalmente, tienen además archivos de todas sus víctimas y un registro del proceso de seducción a las que fueron sometidas. «Ambas conductas pueden desembocar en el abuso sexual infantil», explicaron las fuentes.

Comentarios